Querido Pablo:
me acordé de tí hoy. Mejor dicho, muchos nos acordamos de tí hoy, cosas de las efemérides. Tu retrato invadió las pantallas de los ordenadores -por no extenderme mucho con las explicaciones, digamos que me refiero a los periódicos de hoy en día- y la tinta corrió en litros para formar, mil veces repetidas, tus dos o tres citas más conocidas. Ya sabes, aquello de que somos socialistas no para amar en silencio nuestras ideas, lo de que no morimos sino que nos sembramos -ya sé,






















