Regina, la manquina peligrosamente marxista de Valtraviesu

A Regina, la de Cá Triel.les, no la callaba ni Cristo que la fundó. Vaya, ese había sido su problema toda la vida, lo sería siempre: ni se paraba quieta, ni se callaba. Bajita, pizpireta, de pelo negro como el carbón y el movimiento de una pulguita a la que nadie puede ver pero todo el mundo siente. Por eso, por esos movimientos rápidos y tan sigilosos de los que era dueña, un día su propio padre, Celestino, el aserrador del Fornel, le arrancó los brazos de cuajo. No hay que pensar mal: Celestino arrancó la sierra mecánica, la gran adquisición de los de Cá Triel.les en aquel año (1907), sin darse cuenta de que la pequeña Regina, segunda de sus ocho hijos, jugaba apoyada en el eje de la sierra.

Todo cuidado fue poco para la manquina, pero no se pudo hacer nada. Ni la ortopedia ni la medicina, en general, ayudaron: Regina se quedaba, en plena infancia, sin brazos, sin futuro alguno, inútil. Tan sólo la caridad, en cierto modo, la ayudó. Fue la caridad del Pachorro, un indiano luarqués que, apiadado por la historia de la cría, subvencionó económicamente a los de Cá Triel.les para  que pudieran meter a Regina en el asilo donde, mal que bien, la enseñaron a escribir con los pies. Pero la niña Regina quería ser maestra, el sueño de toda cría estudiosa de la época, el culmen para una guaja de pueblo (por si no se había dicho antes, Regina vino al mundo en Valtraviesu, L.luarca, en 1898) y, desde luego, algo aparentemente imposible para una inválida. Nadie comprendía aquello. Pudiendo vivir de la caridad, Regina se empeñaba en ser algo más y, cada día, estudiaba y practicaba su caligrafía tanto con los pies como con la boca. Pronto todo el mundo conoció la constancia y el afán de superación de la manquina de Valtravieso.

Regina fue destinada, de la mano del Pachorro, al mundo de las varietés y el espectáculo, porque todo el mundo se pegaba, y pagaba, por ver las extraordinarias capacidades de la moza. Todo empezó en 1915, cuando la manca aún era menor de edad para la época, en Ribadeo. Citaba así el Castropol del 30 de octubre de ese mismo año:

Las funciones que en nuestro teatro se celebraron las noches del sábado y domingo último, estuvieron concurridísimas de público; pues además de las entretenidas películas del cine, constituía un acontecimiento la presentación de la mujer sin brazos, que actuó en dichas funciones. Esta celebrada artista, que se llama Regina García, y tiene 17 años de edad, y es natural del concejo de Luarca, hizo con los pies una variedad de trabajos que el público no dejó un momento de ovacionarla.

Avezado empresario, el indiano la nombró poco después Asturianita con vistas a sacar su espectáculo fuera del Principado, y vaya si lo consiguió: Regina hizo fama en las ferias y salas de fiestas no sólo de España, sino también en Europa, poco después, en América del Sur, en los años 20, y, en los 30, en la del Norte.

Exhibirse era una forma rápida de hacer dinero, mucho dinero. La gente ovacionaba a la Asturianita en cada lugar al que iba, y ella, que jamás aceptó limosnas de tipo alguno, pudo dedicar el dinero en formarse, en conseguir el sueño que nunca había dejado de tener: poder transmitir sus conocimientos a la gente. En medio de todo el periplo se casó y tuvo tres hijos, organizó las ideas que tenía y cambió el mundo en su cabeza mientras montaba a caballo, conducía coches, escribía o tejía… sin brazos.

Regina tardó veinte años en conseguir el dinero que le hacía falta para llevar a cabo sus sueños, y tuvo la desventura de que ese lapso de tiempo se cumplió, precisamente, entre 1935 y 1936. Malos tiempos en los que decidió dejar de actuar y volver a L.luarca para fundar Selección, una asociación benéfica por la cual se becaba a niños sin recursos procedentes de la aldea para que pudieran recibir educación. En España no estaba el horno para bollos, y en el caso de Regina, que ya desde joven había mostrado ideas ahora consideradas peligrosas (como cuando compuso un soneto sarcástico a aquel cura de pueblo que pretendió dejar sin enterrar a un guaje muerto al año de venir al mundo porque la familia carecía de recursos económicos… por ejemplo), muchos de los que antes la habían admirado ahora pusieron el grito en el cielo. Selección fue acusada de ser una asociación sin Dios, que promovía una educación demasiado laica.

Curiosamente, la Asturianita fue encarcelada poco después por parte de la izquierda, tras haber rechazado realizar servicios de espionaje en Francia, o eso alegaron. Se pasó los años de la guerra clamando por la libertad y, al llegar al poder los fascistas, la ensalzaron por ese único motivo. Curioso, porque años atrás, muy pocos días antes de ser retenida, de ella misma se había publicado en el Región que

La policía ha detenido ayer a dos mujeres de Luarca, marxistas hasta la médula. Estas prójimas eran discípulas aventajadísimas de la apodada La Asturianita, a quien le faltan ambos brazos, pero escribe con los pies manifiestos y proclamas de propaganda marxista. Es además una gran defensora de las ideas que proclaman los masones.

De Regina querían hacer, todos, y fuera como fuera, una heroína; vender su espectáculo de nuevo, pero esta vez politizado. Y ella, que ni siquiera le había gustado nunca actuar, se negó, y se horrorizó cuando vio que todos asumían que era favorable al nuevo régimen. Se rebeló y se declaró abiertamente izquierdista, pero, a fin de cuentas, era una pobre mujer inútil y, quizás, un poquito loca. El principio del fin llegó no por eso, sino por algo bastante más absurdo: en un cine, al acabar la proyección, Regina, como era esperable, no levantó el brazo para hacer el saludo franquista. A pesar de lo obvio del razonamiento para no levantarlo, esto llevó a que las autoridades franquistas investigasen el pasado de la manquina de Valtravieso y encontrasen cosas que no les gustaban. Era 1939. La guerra acababa de terminar y Regina hubo de volver a la prisión madrileña de las Ventas, esta vez por ser una peligrosa roja, persona de actividades izquierdistas y muy propagandista del comunismo, peligrosa para la causa ya que por su cultura se desenvuelve con mayor facilidad, huyó a campo enemigo no habiendo cometido desmanes por hallarse inútil de los brazos.

El proceso se prolongaría tres años, tres años que consiguieron lo que ni siquiera aquella sierra del Fornel había conseguido: volver exhausta a Regina, quitarle las ganas de seguir luchando. Incluso en la sentencia la trataron con paternalismo: acusada de culpas por las que muchos eran fusilados o condenados a perpetua, a ella, la pobre manca, la absolvieron, pero declarándola loca y recluyéndola a un psiquiátrico, por si acaso. De nada sirvieron los gritos de los hijos, los últimos de Cá Triel.les. La Asturianita murió abrasada por el tifus y la desidia en mayo de 1942, sin haber llegado a cumplir siquiera los 45 años.

Los periódicos no hablaron de su muerte.

No vendía.

Se puede leer más sobre Regina García en el artículo, publicado hace años, de María Teresa Bertelloni y en LNE; además, fue editado hace un tiempo Regina, el coraje de una mujer (Luis González, 2008) y Regina García López, la Asturianita (María Teresa Bertelloni, 2006)

Actualización: excelente artículo de Natalia Junquera en El País

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