El madrileño que conoció el infierno

En septiembre de 1934, la revista gráfica ‘Estampa’ publicó un reportaje sobre la experiencia como picador de un periodista madrileño en el Pozu San Vicente, en L’Entregu, autogestionado por los propios trabajadores. Faltaba apenas un mes para que estallase la Revolución.

No había sido una buena iniciativa empresarial, o eso pensaron los de arriba. Tras casi una década explotando el pozo, el patrón de Carbones San Vicente mandó a parar. El yacimiento, intrincado como ningún otro, no salía rentable y los mineros tendrían que elegir: pagar para trabajar o trabajar sin cobrar. Corría 1926 en L’Entregu y los currantes -unos doscientos, adscritos al SOMA– prefirieron lo primero: si la gestión patronal había desembocado en deudas de más de medio millón de pesetas, ellos adelantarían casi cien mil para reflotar el tinglado. Como garantía, el propio pozo. Y el patrón huyó. Los diecisiete metros del castillete que aún hoy contempla al paseante, a casi cien años de su construcción, fueron testigos de lo que ocurrió después: a los mineros no les quedó otra que hacerse cargo de la explotación y mirar, por vez primera, los toros desde el otro lado de la barrera.

[ SEGUIR LEYENDO: https://www.elcomercio.es/sociedad/historias-asturias/pozu-san-vicente-entrego-mineria-1934-20181203225411-nt.html ]

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *