123 años yendo a ver la ballena

Tal día como hoy, pero de hace 123 años, los gijoneses fueron por primera vez a ver la ballena. Y no en sentido figurado: el rorcual, de 23 metros de largo y diez de ancho, supuso todo un espectáculo en la villa

Aprestada en masa frente a la desembocadura del río Piles, la multitud se hacía cruces ante la inmensidad de la naturaleza. No la del Cantábrico, aunque sí hubieran sido aquellas aguas las que habían traído la mala (o buena, según se mire) nueva a la villa de Jovellanos, sino a otra de piel cuerosa y brillante, expresión triste y un color gris metalizado que refulgía con los rayos del sol otoñal. Allí, varado en la Salmoriera, el cadáver más grande que los gijoneses hubieran visto jamás se descomponía en loor de multitudes que no parecían tener problema en soportar el hedor que se desprendía de la carne de aquel inmenso rorcual.

No era la primera vez que veíamos una ballena, pero sí fue la primera que fuimos a ver la ballena. Y ocurrió hace hoy exactamente 123 años.

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