El pecado del cura llanisco

Hace 260 años, el Tribunal de la Santa Inquisición juzgó a Manuel Bustillo, un párroco llanisco, y a su criado, por haber cometido «actos deshonestos» compatibles con el afortunadamente ya desaparecido delito de sodomía

Manuel Bustillo, cura párroco, el arrepentimiento le llegó en la cuaresma de 1744, como si de una revelación divina se tratase. Fue entonces cuando, renegando de su pasado, se auto inculpó ante el Santo Oficio de haber tocado, y de haberse dejado tocar, «deshonestamente» con al menos tres hombres. Por aquel entonces, la homosexualidad era delito -y no dejó de considerarse como tal, desgraciadamente, hasta hace no tantas décadas- punible por la Inquisición. En sus archivos, hoy digitalizados en PARES, se conservan aún las testificales que llevarían, trece años más tarde, a Bustillo y a su criado a prisión. Porque en 1757, creyéndose ya librado de la justicia Bustillo, quién sabe por qué razón alguien creyó conveniente tirar más de la manta. Y vaya si tiró.

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