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Realmente, para alguien nacida y criada en Asturias, el Babí lom (la Cantera de las Brujas checa) no es nada espectacular, para qué mentir. A una asturiana Chequia le parece una tierra planita, ridículamente coronada por el Klínovec, que ni es pico ni es nada, y le parece que, si se pudiera mover, al Klínovec se le caería la cara (norte, este, sur u oeste, cualquiera de ellas) de la vergüenza ante el majestuoso Urriellu. Y el Babí lom no llega ni a la mitad que el Klínovec, ésa es la verdad. Si para más inri le añadimos que uno de sus miradores fue construido en la dudosamente estética década de los 60 checos, no se llegaría a entender de ninguna manera racional el título de este blog.

Porque resulta que aquí no cabe la racionalidad. No es racional explicar el misterio que desprende el imposible terreno del Babí lom, ni el por qué de que los árboles que allí nacen se retuerzan en caóticas marañas que, de noche, se podrían confundir con los brazos de mil brujas en pleno aquelarre. Ni el sentimiento de familiaridad que me asalta cuando pienso que, quizás, a finales del siglo XIX, mi tatarabuelo se sentó en alguna de las rocas del Babí lom pensando que no las vería nunca más y que echaría de menos sus suaves formas en Asturias, tierra de caótica orografía y grotescamente coronada por un mastodonte.

No esperéis de La Cantera de Babí ni brevedad, ni utilidad, ni profundidades historiográficas, ni enervados conceptos intelectuales. Soy historiadora: para mí no suelen existir, salvo casos especialmente presuntuosos, el concepto de textos largos y aburridos. Amo lo que ya pasó: se que muchos sólo consideran útil, aunque no tengan ni puta idea, analizar lo que está por pasar. Me gusta la intrahistoria, la de la gente, la de a pie de calle: no concibo que alguien se diga amante de la historia general sin que le guste, en primer lugar, la de las personas. Escribiré lo que se me pase por la cabeza. Por razones tan anodinas como la forma del Klínovec, tan irracionales como el misterio del Babí lom y, para mí, tan elevadas como el magnífico Urriellu.